Mostrando entradas con la etiqueta La Cocina de Yeyé. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Cocina de Yeyé. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de julio de 2015

Arroz rojo II

Increíble pero cierto, con una mamá cocinera y resulta que nunca aprendí a hacer arroz rojo hasta que vi el video de Marisolpink. Pues bueno y casi a manera de anécdota aun cuando compartiré la receta, en una de las publicaciones de Laurel y su cocina en mi cuenta de Facebook, mi primo Alfonso que vive en Sinaloa, además de recordar con cariño a mi mamá comentó que gracias a la receta de "mi tía Yeyé" sabía hacer arroz rojo. Gran sorpresa.
Le pedí la receta y aquí está. Me quedó de lujo y, si me apuran, me gustó más que de la otra forma, además de que como que voy ganando seguridad así que lo cociné a mi manera; combiné los factores y me dio resultado. Con otra buena noticia: cuando me salió el arroz, por fin, preparé sólo una taza, pero cuando quise hacer dos, se me volvió a batir y a cocer disparejo. Creo que la calidad del arroz tiene que ver, aparte de otros factores, el caso es que ya me salen dos tazas sin que se bata y cocido parejo, estoy muy contenta.
Pensaba no volver a publicar receta de arroz rojo pero como he platicado tanto de la receta de mi mamá, algunas personas me la solicitaron así que con gusto:

Arroz rojo. Fotografía: Laura Castro Golarte.

De La Cocina de Yeyé

Ingredientes

1 taza de arroz
2 tazas de agua
Aceite de maíz, el necesario
1 puré de tomate
3 dientes de ajo
½ cebolla
3 chiles serranos
1 cubito de consomé de pollo en polvo o una cucharadita
Sal al gusto
1 lata mediana de granitos de elote (opcional)

Preparación
Se vierte un poco de aceite en la cazuela y cuando está caliente se fríen los ajos, los chiles y la media cebolla un poco. Luego se incorpora el arroz, sin lavar, se fríe hasta que dore; luego se agrega el puré de tomate a que fría poco; se añaden dos tazas de agua, el cubito o la cucharadita de consomé y la sal. Ya que empieza a hervir se añaden los granitos de elote, se baja el fuego y se deja en la lumbre hasta que se consuma el caldo.

De Laurel y su cocina

Ingredientes

1 taza de arroz
2 tazas de agua
1 caballito de tequila de agua
3 cucharadas de aceite de maíz o cártamo
1 jitomate grande
2 dientes de ajo
1/4 de cebolla
2 chiles serranos
1 rama de cilantro
Sal al gusto
1 pizca de consomé de pollo en polvo

Preparación
Primero, el jitomate se corta en cuartos y se echa en el vaso de la licuadora; se licua en la máxima potencia y ahí se deja.
Se vierte el aceite en la cazuela y cuando esté caliente se fríen los ajos, los chiles y la media cebolla troceada toscamente. Se retiran los pedazos de cebolla y los ajos y se licuan junto con el jitomate.
El arroz, sin lavar, se fríe hasta dorarlo en la misma cazuela en donde quedaron  los chiles serranos toreados. Cuando esté dorado parejo se le vierte el puré natural de tomate, sin colar; en cuanto cambie de color y se reseque se vierte el agua; luego se añade la sal (más o menos una cucharadita y un puntito más), la pizca de consomé en polvo y la rama de cilantro.
En cuanto suelte el hervor se mezcla con una cuchara y se prueba para rectificar de sal. Si hace falta se agrega la necesaria. Se vierte el agua medida en el caballito de tequila, se baja el fuego al máximo, se tapa y al cabo de 20 o 25 minutos, cuando se haya consumido el líquido, se apaga el fuego, se retira la cazuela de la estufa y se deja reposar el arroz unos cinco minutos antes de servirlo.

Quedó perfecto. Fotografía: Laura Castro Golarte.

He aquí el resultado, creo que nunca me había quedado tan bien. Ahora sí que puedo decir que esta es mi receta. Hay diferencias con respecto a la receta que publiqué el pasado 4 de junio (Arroz rojo I), y con respecto a la de La Cocina de Yeyé, también sobre todo  porque prefería usar el jitomate natural. Lo más alentador y emocionante es que, con cambios y todo ¡me salió!

Para hacer dos tazas basta con duplicar la cantidad de arroz, obviamente; y la de agua. El caballito de tequila de agua sigue siendo uno; si acaso se agrega un jitomate guajillo o saladet y la cebolla es media en lugar de un cuarto. La cantidad de aceite no se duplica, sólo se agrega una cucharada más y ya.

Bueno, pues comimos arroz rojo con vaca frita de la cocina cubana y kolchas de la cocina hindú; la siguiente entrada será la vaca frita ¡hasta la próxima y buen provecho!

lunes, 1 de junio de 2015

El mejor invento del mundo

Mejor debería decir: los mejores inventos del mundo. Mi relación con la cocina, como casi todos, data de mi niñez. Mi mamá (Yeyé) y mi abuelita Fela eran las mejores cocineras sobre esta tierra y tuve el privilegio de estar cerca de ellas para aprender. No era algo muy formal, no me daban indicaciones, recomendaciones o tareas, sólo observaba y muchas veces estaba sin estar, pero siempre algo se queda.
Nunca tomé clases de cocina y como me dediqué al periodismo y a estudiar, entraba a la cocina sólo de vez en cuando, en ocasiones especiales como la Navidad. Cuando mi mamá vivía, la Nochebuena era una de las fiestas más gozosas y esperadas a lo largo del año. En alguna ocasión contamos nueve platillos diferentes, un verdadero banquete. Claro que siempre quedaba para el recalentado y en algunos casos, como en el del pavo, era marzo y mi mamá todavía sacaba alguna bolsita de pechuga deshebrada del congelador, un poco de gravy y ¡listo!
Mi mamá era una maga en la cocina y lo aprendió de mi abuelita, entraban y aunque aparentemente no había nada para comer, ellas se las ingeniaban y salían con platillos que sabían a gloria. Mi abuelita un día hizo unas enchiladas blancas que bueno, nos relamíamos, y todavía me las saboreo ¿cómo las hizo? No sé. He tratado de recrearlas y no ha sido posible;  lo peor es que no había una receta, la inventó en el momento con lo que encontró en el refrigerador y en la despensa. 
¿Recuerdan aquella canción de Leonardo Favio? ¿"Hoy no quiero cantar"? Es una canción que dedica a todos sus seres queridos que se han muerto... En algún momento dice... Abuelita milagro que hace pan de la nada. Pues así eran mi mamá y mi abue.
Puedo decir que heredé su sazón y su gusto por la cocina pero milagros todavía no hago, jeje. Quizá algún día, pero eso sí, casi todo lo que cocino (al mejor cocinero se le va un tomate entero) me queda muy rico. 
Hace años, en alguna Navidad, mi mamá me encargó los frijoles, una receta de la familia que sólo la preparábamos para la Nochebuena, pues bien, a partir de esa primera vez que los hice, me tocaron todas las navidades porque me salieron muy buenos.
Durante mucho tiempo de mi vida no cociné como tantas mujeres que hacen maravillas todos los días porque el trabajo me absorbía, ni siquiera cuando me casé. Fue más o menos hasta que nació mi hijo, hace 12 años y meses, que decidí hacer de comer todos los días, lo que es normal pues. Y me aventé con miedo y todo a rescatar las recetas de La Cocina de Yeyé (seguramente alguien la recordará y ya platicaremos de ella).
Un buen día mi esposo Pedro me dijo que yo cocinaba muy rico y muy bien, pero que se me sentía el miedo, que lo dejara a un lado y fuera más audaz. Bueno, pues le hice caso totalmente y ahora hago algunas cosas que a veces ni yo misma me las creo.
Este espacio es para compartir lo que ahora experimento y he llamado "frenesí culinario", quiero hacer todo y de todo y me da mucho gusto ver el resultado final más la satisfacción de la felicitación que sí llega pronta y expedita, a diferencia de la justicia. 
Me maravilla cocinar y he pensado por ejemplo, que los que inventaron las diferentes técnicas culinarias eran verdaderos genios. Supongo que en mucho era resultado de prueba y error, de accidentes y chiripadas, pero como a lo largo de la historia de la Humanidad se han ido perfeccionando y surgiendo otras, me maravilla hasta lo indecible. Por ejemplo, los diferentes "puntos" que alcanzan las claras al batirlas; los "puntos" del caramelo; la combinación perfecta de harina, agua, levadura y sal y todas las variaciones posibles en cantidades, tiempos de espera e ingredientes; y antes, la siembra de trigo, el descubrimiento de que con él se podía obtener harina y bueno, todo lo demás. Las diferentes formas de picar una misma fruta o una cebolla; o todas las técnicas para preparar huevos; la exactitud matemática de la repostería y la creatividad gozosa de las ensaladas y los aderezos, entre otros, muchos otros, como el nixtamal, una técnica prehispánica para darle al maíz por lo menos dos usos: para el pozole y para obtener masa. ¡Y todo lo que se puede hacer con la masa! Este técnica, por cierto, es uno de los argumentos que llevó a la UNESCO a declarar a la cocina mexicana Patrimonio Cultural de la Humanidad, la primera gastronomía en el mundo en lograr tal reconocimiento.
Por eso hablo de los mejores inventos del mundo, porque además, la acción de cocinar es una de las más creativas, gozosas y amorosas que nos hemos dado los seres humanos, es una de las mejores formas de dar y compartir.
Bienvenidos a este espacio, están habilitados los comentarios para la retroalimentación. Debo decir antes de terminar este escrito inicial que no soy chef, he aprendido viendo y ahora con la práctica sigo aprendiendo; mis recetas son las de mi mamá y de mi abuelita Fela, de muchos libros y también de algunos canales de YouTube y de varias páginas de internet. Siempre trato de darles un toque personal.
Y por último ¿por qué Laurel? Bueno, así me decía mi hermana Lupita cuando yo estaba chiquita y me gustaba mucho que me dijera así. 
¡A cocinar! ¡Y sin miedo!