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viernes, 6 de septiembre de 2019

Mole poblano delicioso


Todos en México lo sabemos y muchos allende nuestras fronteras: el mole poblano es uno de los platillos más emblemáticos de nuestra cocina, patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Es una comida antigua, prehispánica según varios estudiosos, porque resulta que mulli es una palabra náhuatl que significa “salsa”, así que, sí, creo que desde entonces viene porque además, para molerlo, las cocineras tradicionales que lo siguen preparando usan metate, por ejemplo, y porque los ingredientes indispensables son los chiles originarios de estas tierras.

La otra versión, muy extendida y por mucho tiempo, es que es una receta de convento, como los chiles en nogada, pero todo indica que no, aparte porque, es tan elaborada, que difícilmente se podría pensar que surgió por accidente.

Sí me gusta pensar que en el Anáhuac se comía un guiso parecido al que disfrutamos hoy en día, con guajolote por supuesto o armadillo o conejo o venado o jabalí ¿por qué no? En todo caso, me encanta y enorgullece que sea una de las glorias de nuestra cocina.

Carne de cerdo en mole con arroz rojo.
Y aquí lo dejo porque si no me voy a extender muchísimo con el preámbulo y lo que ustedes quieren es la receta y el relato de la preparación. Bueno, en primer lugar sí debo decir que hacía mucho tiempo que tenía ganas de prepararlo “con todas las de la ley” así que me di a la tarea de consultar varias recetas de mole poblano específicamente, y todas las que hallé son diferentes, varían en algunos ingredientes y en las cantidades por supuesto; no encontré una receta igual a otra.

La que seguí (con algunos cambios que discurrí) es la del chef Ricardo Muñoz Zurita publicada en Larousse Cocina Los clásicos de la cocina mexicana. Me gustó la introducción y la explicación. El resultado, perdón la falta de modestia, fue extraordinario. Logré un mole verdaderamente delicioso, impecable, de lujo y creo que es lo mejor que he preparado en mi vida, así de plano. Lo comparto con mucho gusto con toda la experiencia que fue un gozo. 

Empecé un día antes con la compra de lo que me faltaba, la pesada de los ingredientes secos y la limpieza de los chiles. Y al día siguiente, por etapas, lo fui completando. Terminé a las once de la noche, cansada pero muy contenta. Va la receta del mole y luego cómo lo serví dos días después. A ver si se animan para estas fiestas patrias, en México celebramos un aniversario más del inicio del movimiento de independencia.

Ingredientes

250 gramos de chile mulato limpio (sin tallos ni semillas)

125 gramos de chile pasilla limpio

125 gramos de chile ancho limpio

6-8 litros de caldo (pollo, res y/o puerco)

½ kilo de manteca de cerdo

150 gramos de almendras sin pelar

2 cucharadas de cacahuates pelados

½ taza de nuez encarcelada o pacana en mitades

¼ de taza de pepitas de calabaza peladas y al natural

2 cucharadas de ajonjolí

½ kilo de tomate verde pelado y cortado en cuartos

½ kilo de jitomate cortado en cuartos

1 plátano macho maduro

2/3 de taza de pasitas

5 clavos de olor

1 cucharadita de pimienta negra entera

5 pimientas gordas

1 cucharadita de comino entero

½ cucharadita de anís entero

1 raja de canela de unos 10 centímetros, quebrada

½ cucharadita de tomillo seco

1 cucharada de orégano seco

12 dientes de ajo sin pelar

1 cebolla grande cortada en cuartos

1 bolillo rebanado

3 tortillas frías cortadas en cuadritos

3 tablillas de chocolate sin azúcar

½ taza de azúcar mascabado

Sal al gusto

Preparación

Primero limpié los chiles y los fui pesando. En total es medio kilo de chiles secos, porque se pesan ya después de haberles quitado tallos y semillas. Y también pesé todos los ingredientes secos entre nueces y condimentos.
Los chiles y la canela.
Parte de los ingredientes.
Al día siguiente empecé por freír en manteca los chiles, de uno por uno los que estaban enteros, sin embargo, había unos mulatos tan secos que era pura pedacera, así que los metí a la manteca en puñitos y rápido los retiraba con una espumadera para evita que se quemaran. Aunque de pronto esto parece muy pesado, no lo es tanto porque con la manteca muy caliente, los chiles cambian de color casi en cuanto la tocan, se voltean una vez y se sacan de inmediato. Si se queman, amargarán el mole. A mí se me quemaron algunos pedacitos y mejor los retiré y los repuse.
Los chiles se fríen de uno por uno en la manteca. Esto es muy rápido, hay que tener cuidado de que no se quemen.

Mientras freía los chiles saqué el caldo que tenía congelado precisamente para el mole. Mezclé caldos de pollo, de res y de puerco; en su momento, cuando cocí las carnes en distintos días, agregué hojas de laurel, ajos con todo y cáscara, pimientas enteras, sal y un trozo de cebolla; en el caso del pollo una rajita de canela. Los colé y los congelé porque sabía que necesitaría muchísimo caldo cuando preparara el mole.

El caldo.
Bien. Una vez que freí todo el chile lo puse a cocer en dos litros de caldo por 40 minutos. La cuestión era dejar que se ablandara casi hasta formar una pasta. Así lo hice y luego lo dejé enfriar. La manteca donde freí los chiles, la reservé.

Todos los chiles ya fritos en manteca de cerdo.
Los chiles cociéndose en el caldo hasta que se haga una pasta. Luego se cuela y queda una mezcla que ya parece mole: tersa y aromática.


Mientras los chiles estaban con el caldo, me puse a freír en manteca de puerco las almendras; y las retiré; luego la nuez encarcelada y la retiré; después las pepitas; luego los cacahuates y finalmente el ajonjolí. En este punto bajé el fuego e incorporé en el mismo sartén todas las demás semillas. Las dejé juntas en la lumbre por unos tres minutos y apagué el fuego para dejarlas enfriar. Tampoco se deben quemar.
Almendras, nueces, cacahuates, pepitas y ajonjolí. Esta mezcla ya molida fue la única que no colé.
Le tocó el turno al plátano macho que pelé, rebané y freí en manteca hasta que quedara dorado y lo reservé.
Plátano macho antes de freírlo.
En una cazuela de barro freí (todo en manteca) los tomates y los jitomates y cuando parecían una especie de caldillo o puré, incorporé el plátano frito y las pasas. Dejé todo junto por 15 minutos sin dejar de revolver para que no se pegara. Apagué el fuego y a enfriar.
Primero los tomates y los jitomates, un buen rato hasta que se desbaraten casi; enseguida se añaden aquí los plátanos fritos y las pasas hasta que quede una especie de puré, se deja enfriar, se muele lo más fino que se pueda y se cuela. Se incorpora a la olla del mole.
En el ínter, en un comal tatemé la cebolla cortada en cuartos y los ajos con todo y piel. No deben quemarse porque amargan. Los retiré, pelé los ajos y reservé.

Ajos y cebolla van tatemados. Los ajos con cáscara y luego se retira. También le quité el brote a los dientes de ajo.
Llegó la hora de moler. No usé metate. La verdad, no lo sé usar y tiene su chiste, así que molí las tres primeras mezclas: chiles, semillas y tomates, en un robot de cocina; y las especias con la cebolla y el ajo, en licuadora. Todos menos las semillas, se deben colar, ojo con esto, porque es pesado y con eso me reivindiqué por no haber usado el metate. Las semillas también se pueden colar, me refiero a las almendras, nueces y cacahuates junto con lo demás, pero decidí que no lo haría para que se notara la textura en el mole.
En una olla grande calenté la manteca donde freí los chiles, colada, sin semillas de los chiles y otros residuos que habían quedado; la dejé a fuego bajo mientras molía todos los chiles con dos tazas de caldo y los iba colando. Queda una mezcla tersa. Una vez que colé todo, lo vertí de golpe en la olla y revolví para que no se pegara. Cuidado porque al aumentar la temperatura borbotea, salpica y quema.
Enseguida, mientras los chiles se sazonaban ya, molí la mezcla de tomates con plátano y pasas, también en el robot, colé y agregué a la olla del mole; no fue necesario que añadiera caldo. 

Así quedó la mezcla de los tomates, el plátano y las pasas. Se cuela y va para la olla.
Siguió el turno de la mezcla de semillas (almendras, nueces, pepitas, cacahuates y ajonjolí): las molí con dos tazas de caldo. Esto no lo colé pero lo molí lo más fino que se pudo con el robot. Lo agregué a la olla del mole.

En la licuadora molí las especias, las tortillas y el bolillo con dos tazas de caldo y lo colé.
Finalmente, licué las especias: canela, tomillo, clavos, orégano, pimientas, anís y comino, con la cebolla y los ajos tatemados, las tortillas y el pan previamente fritos en manteca y caldo. Lo colé y lo agregué a la olla del mole.
A estas alturas los olores, qué les puedo decir. La cocina olía a mil maravillas. El licuado de especias, solo, me remitía a aromas de mi infancia, al ropero de las especias de mi abuelita y a la cocina de mi mamá.

Entre un licuado y otro, tapé la olla para evitar que salpicara todo. Una vez integradas todas las mezclas, agregué las tres tablillas de chocolate, media taza de azúcar mascabado y una cucharada de guisar de sal y, ahora sí, a revolver y revolver hasta que empezaron a aparecer burbujas de grasa en la superficie.
Así se ve el mole ya frío y envasado. Una pasta no tan tersa porque dejé partículas de cacahuate, almendra y toda esa mezcla de nueces. Delicioso.
Me salieron casi cinco litros de mole. Al día siguiente, totalmente frío, lo guardé en recipientes de medio litro y congelé cuatro litros. Dejé medio litro y un cuarto aparte, más o menos, en el refri y lo preparé al día siguiente con carne de cerdo: le pedí al carnicero costillita cargada y espaldilla en trozos grandecitos. Me preguntó “¿para freír?” y le respondí que sí.
La carne la coloqué en un cazo de cobre, el que es especial para carnitas, le agregué agua casi para cubrirla y sal, a fuego medio una vez que soltó el hervor y la dejé en la lumbre hasta que se empezó a dorar en su propia grasa.
Cuando estuvo lista (kilo y medio de carne) vertí el cuarto de mole y fue suficiente. No quedó caldoso como se ve en las fotos, pero sí se impregnó toda la carne. Delicioso en verdad. Cebolla desflemada con limón, vinagre y sal; ajonjolí tostado, arroz rojo que hizo Mony y le quedó espectacular y tortillas calientitas ¿qué más?

No salió la cebollita desflemada en la foto, pero va.

Espero que lo hagan, por lo menos una vez en la vida. Sí estuvo pesado, pero valió la pena total y absolutamente. Además con estas cantidades rinde muchísimo. Lo hice con carne de puerco, pero claro que se puede servir con pollo en piezas o deshebrado, guajolote  o pavo, incluso conejo. El primer día después de que lo terminé, antes de envasarlo, mi esposo se preparó unos chilaquiles con el mole ¡riquísimos! De lujo.

Hasta aquí llega la publicación. Sí recomiendo que el caldo se vaya almacenando y aparte será necesario un poco extra a la hora de prepararlo si la pasta está muy espesa; quizá le agregue un poco más de azúcar o una tablilla con azúcar, para aumentar el toque dulce. Los chiles, aunque secos, lo más frescos posible que se los encuentren y los dientes de ajo, grandes.

La calidad de los ingredientes es fundamental. Usé tablillas de chocolate sin azúcar, nada más y nada menos que de Oaxaca, marca Vivanco, buenísimo.

¡Buen provecho y hasta la próxima!

viernes, 8 de enero de 2016

Carne poblana

Este platillo es como un regalo para el organismo. Es calientito, sustancioso, completo. A ver qué les parece. 
Primero les cuento que la carne de cerdo, tan vilipendiada y satanizada, para muchos es (pueden buscar en internet), en estos momentos, más sana que la de pollo porque los animalitos no son criados con hormonas ni cosas raras para acelerar su crecimiento, menos en Jalisco, el principal productor en México.
A esta ventaja hay que agregar que el precio se ha mantenido bajo en comparación con el resto de carnes de mayor consumo, específicamente res (bovino o vaca), pollo, pescados y mariscos.
Para esta receta lo mejor es pierna y se puede solicitar al carnicero que los trozos no estén grasosos o tan grasosos, dependiendo de los gustos de cada quien. Se antoja, ahora sí, con este frío y para acompañar con tortillas de maíz hechas a mano, torteadas pues o con maquinita, una que nos inventamos en México.
Busqué someramente en la red a ver si localizaba quién la inventó y sólo me aparecen los inventores de las máquinas de tortillería. El primer invento se le atribuye al Sr. Everardo Rodríguez Arce, en 1904; y la automatización de la misma máquina en los años treinta del siglo pasado, se le reconoce al Sr. Fausto Celorio; la maquinita que hizo famosa una cocinera argentina por no saber usarla, no hallo todavía a quién se le ocurrió. Si usted sabe no dude en compartir la información, por lo pronto dejo aquí la receta de la carnita de cerdo poblana, de La Cocina de Yeyé.

Carne de cerdo poblana.
Ingredientes

½         kilo de pierna de cerdo cortada en cubos
2          jitomates grandes asados, sin piel
2          dientes de ajo asados
1          cebolla chica asada
2          tazas de calabacitas picadas
2          tazas de granos de elote
4          chiles poblanos asados y limpios
2          cucharadas de aceite
1          aguacate
1          taza de queso ranchero rallado
Sal y pimienta al gusto
Tortillas de maíz recién hechas

Preparación

La carne se enjuaga y se seca con una servilleta de cocina; se salpimienta y luego se fríe en poco aceite hasta que quede doradita, en una olla de presión.

La carnita se enjuaga, se seca, se salpimienta y se fríe hasta que quede doradita, en una olla de presión.
Cuando esté a punto, se agrega un trozo de cebolla, dos hojitas de laurel, dos dientes de ajo, unas cuatro pimientas y poquita sal. La carne apenas se cubre con agua y se deja cociendo entre 20 y 25 minutos después de que empieza a bailar el pivote. No más porque si no la carne se desbarataría.
La carne se cuece en la olla de presión con olores, por espacio de 20 a 25 minutos para que no se cueza de más.

Mientras se cuece la carne, se asan los jitomates, la cebolla y los dientes de ajo; los chiles poblanos se asan y se dejan sudando para luego limpiarlos y cortarlos en rajas; y se cortan las calabacitas y se desgranan las mazorcas.
Los chiles se asan directamente en el fuego de la estufa, cuando estén bien requemados se meten en una bolsa de plástico para que suden y después de unos minutos se enjuagan y limpian  también de venas y semillas. Se cortan en rajas. Jitomate, cebolla y ajo se licuan y se cuelan.
Cuando pase el tiempo la olla se enfría y se añaden a la carne las calabacitas picadas, los granos de elote y los chiles poblanos cortados en rajas. Se mezcla todo y finalmente se incorpora el recaudo, colado. Se rectifica de sal y se añade pimienta, se baja el fuego en cuanto suelte el hervor y la olla destapada se deja en la estufa hasta que las calabacitas estén cocidas.
Si queda caldoso se sirve en platos hondos y se acompaña con cubitos de aguacate y queso fresco o ranchero desmoronado.

Notas
1.- Es muy importante que no se cueza de más la carne, pero si acaso pasa, el platillo no se echa a perder, queda delicioso.

2.- También se le puede agregar crema (nata) pero eso añade grasa al guisado, es al gusto.

Y nada más. Es un guisado muy sencillo, para cualquier día. Rico, sustancioso y completo. Quizá, dependiendo de los comensales, se podría acompañar con arroz rojo o blanco y con frijoles refritos.
Como siempre, espero que les guste y si lo preparan me cuentan.
Hasta la próxima ¡y buen provecho!

Carne poblana con aguacate y queso ranchero.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Birria estilo Tlaquepaque Yeyé

La verdad no sé cómo llegó a mis manos esta receta, es de mi mamá claro está; y creo que andaba rodando por ahí adentro de un libro, de una libreta, entre ese acumulado de papeles que siempre hay en uno de los cajones de la cocina, donde guardamos lo que no sabemos dónde guardar... Me sorprende porque no está en el libro que hicimos mi hermana Lupita y yo, La Cocina de Yeyé, pero el otro día pues me la hallé buscando algunas recetas en la compu y esta fue la elegida. 
No tiene que ver con las birrias tradicionales, no es caldosa y no es roja, pero si mi mamá decía que era birria, es birria y punto, las mamás mandan jeje.
El resultado fue muy bueno y mi hijo y mi esposo ya quieren que la vuelva a preparar, aunque por ejemplo Pedro dice que no es birria, que es otro platillo muy sabroso pero birria no.
Ustedes ya dirán qué creen, yo digo que es una birria diferente. Estuve consultando varios libros de recetas de Cocina mexicana y en todos la receta de la birria tiene variaciones, como sucede generalmente.
No faltará quien diga que esto es barbacoa, pero ya dije, mi mamá dijo y así es.
Y para no hacer el cuento más largo, aquí está:

Birria estilo Tlaquepaque.

 Ingredientes

2 kilos de carne de res para birria
100 gramos de chile ancho sin tallos ni semillas
4 chiles cascabel
8 chiles morita
6 dientes de ajo
4 jitomates
1 cebolla mediana
2 tortillas de maíz
1/4 de taza de vinagre
1 cucharadita de orégano
12 granos de pimienta negra
4 clavos de olor
1 rajita de canela
1 1/2 cucharadas de manteca de puerco
2 cucharadas de sal de grano

Para acompañar
Tortillas recién hechas 100 % maíz
Limones
Cebolla cortada en cuadritos

Procedimiento

Los chiles se tuestan ligeramente, se desvenan, se limpian de semillas y se ponen a remojar en agua caliente unos 10 minutos. La tortilla de maíz también se remoja.
En esta fotografía los chiles están limpios de tallos, venas y semillas pero todavía no están tostados. 
Se muelen en la licuadora los chiles remojados, los ajos sin el brote, los jitomates, la cebolla, el orégano, las pimientas, el comino, los clavos, la canela y la sal, con un poco de agua en la que se remojaron los chiles.


Los chiles se ponen a remojar en agua hirviendo unos 10 o 15 minutos hasta que estén suaves. En una poca de esa misma agua, se ponen a remojar las tortillas. Yo los puse juntos y me arrepentí, porque se añaden en distintos momentos.
El adobo colado se fríe en poca manteca de cerdo y después de un rato se vierte el vinagre. 
Se deja hirviendo a fuego medio un rato y mientras, se muele la tortilla remojada y se agrega al adobo. Se deja sazonar unos minutos y se apaga el fuego.
La carne de res se coloca en una olla de presión y se cubre con el adobo, se tapa y se deja en la lumbre, después de que el pivote empiece a "bailar" (mi olla es de las viejitas) se baja el fuego y se deja una hora en la lumbre.
Se deja enfriar la olla, se destapa, se sirve con cebolla y limón al gusto y se acompaña con tortillas recién hechas, de preferencia.
¡Buen provecho!
Notas:
Si la birria se prepara con carne de cerdo, cambia un poco el procedimiento: la carne se dispone en una fuente para horno, se baña con el adobo y se deja reposar mínimo cuatro horas en el refrigerador. Luego se saca, hay que esperar a que se le quite lo frío al refractario, se cubre con papel aluminio y se mete al horno por espacio de dos horas a 180 grados Celsius.

La carne de res es mejor prepararla en la olla de presión, se ahorra tiempo y gas. En una carnicería del barrio de Santa Tere (Guadalajara, México) , muy buena por cierto, venden tal cual "carne para birria". Así la compré y salió muy buena, no estaba grasosa y sí traía huesitos. No tuve la precaución de preguntar qué parte de la vaca era. Debo este dato.

No añado salsa de chile aparte porque los chiles morita son enchilosos. Salió picosita rico, nada insoportable. Ahora, si les gusta enchilosa se puede añadir un chile chipotle seco que tendría que remojarse, tostarse no.

También en Santa Tere venden unas tortillas 100 por ciento de maíz muy ricas, ahí están cuatro señoras echándolas en tremendas planchas (por cierto, cerca de ahí está la carnicería, más o menos Andrés Terán y Francisco Zarco) y para la receta remojé una de estas en lugar de dos de las comunes, de maíz también pero de "máquina" o tortillería.

Creo que es todo. Quedó muy rica, recomendable totalmente y como pueden ver, muy fácil. Si se prepara con carne de res, hasta se reduce el tiempo de preparación y de cocción.
Bueno, me cuentan si la preparan cómo les fue, por lo pronto ¡hasta la próxima y buen provecho!

Birria estilo Tlaquepaque de La Cocina de Yeyé.


domingo, 18 de octubre de 2015

Tacos al pastor estilo DF

Los tacos al pastor se consumen en todo México, igual que los tamales. Y en cada lugar son diferentes, por el adobo, las tortillas o las salsas, bueno, yo creo que hasta el aire y por supuesto, la mano de cada taquero influye. Nos encantan. En la votación para esta entrada que hice a través de Laurel y su cocina en Facebook, ganaron sin remedio con respecto a los tacos gobernador que, claro está, subiré próximamente.
Aquí está la receta con lujo de detalles. Incluye salsita de chipotle y una preparación especial que inventó mi esposo para la piña, con eso de que no tenemos trompo, pues se las ingenió y resultó un acompañamiento exquisito.
Lo único que no hice en esta ocasión fueron las tortillas porque dimos con una tortillería en el barrio de Santa Tere (Guadalajara, Jalisco, México), en la esquina de las calles Francisco Zarco y Andrés Terán en donde las echan a mano unas cuatro o cinco señoras y están deliciosas, de puro maíz: 20 pesos el kilo para mayores señas pero sin duda alguna, vale la pena.

Tacos al pastor.

Ingredientes

Para los tacos

1      kilo  de bistecs delgados de cabeza de lomo de puerco
1/4   de taza de vinagre de manzana
5      chiles guajillo
2      chiles anchos
1      trozo de cebolla
1      diente de ajo
1      clavo de olor
1/2   cucharadita de comino en polvo
1/4   de cucharadita de orégano seco
Sal y pimienta al gusto
Cebolla y cilantro picados al gusto
Aceite para freír, el necesario
1/2   piña sin el corazón rebanada en cubitos
1      pizca de cúrcuma
1      kilo de tortillas de maíz recién hechas

Para la salsa

¼         de cebolla
2          dientes de ajo
3          chiles chipotles secos
4 o 5    jitomates maduros
1          taza de agua
Sal de grano al gusto

Preparación de los tacos

Un día antes, de preferencia, se prepara el adobo. Los chiles, ya limpios sin tallos ni semillas, se remojan en agua caliente durante unos 10 minutos. 
Estos son los ingredientes para el adobo más la sal de grano que no puede faltar.
Después se licuan con un poco de agua del remojo, el trozo de cebolla, el diente de ajo sin el brote, el vinagre, el clavo, el comino, el orégano, sal y pimienta.
Los chiles en remojo. Ya que están suaves, con poquita agua del remojo, se licuan con el resto de ingredientes. Con la pasta que resulta se impregna toda la carne y se deja marinando de un día para otro, si no se puede, por lo menos cuatro horas.
Los bistecs ya cortados en cuadritos se cubren con el adobo y se dejan en reposo en el refrigerador.
Al día siguiente, entre una hora y dos horas antes de servirlos, la carne se saca del refrigerador y se fríe en aceite hasta que seque el adobo y la carne se caramelice. Este procedimiento lleva de una hora a hora y media porque la carne suelta sus jugos. Si es preciso se puede agregar un poco más de aceite.

En esta serie de fotografías se aprecia cómo va cambiando el color de la carne.
Se calientan las tortillas, se rellenan con la carne y se acompañan al gusto con cebolla, cilantro, piña y salsa de chipotle.

De la piña

En un sartén se vierte un poco de aceite y se fríe apenas la piña. Sólo para que se suavice. Si no está muy dulce se le puede agregar un poco de azúcar, poquito; y la pizca de cúrcuma sobre todo para que se intensifique el color.

De la salsa de chipotle

Se sofríen en poco aceite la cebolla rebanada toscamente, los ajos y los chiles sin los tallos. Se agrega el jitomate cortado también toscamente, el agua y sal. Se deja en la lumbre a fuego medio hasta que el jitomate cambie de color y los chiles estén suaves; se rectifica de sal, se deja enfriar un poco y se licua.
Los ingredientes para la salsa, más sal de grano. Se sancochan en poco aceite hasta que los chiles estén cocidos y el jitomate suave. Conforme se cuece el jitomate va soltando la cáscara. A mí me gusta retirarla. Luego se licua y está lista.
Notas:
La carne debe ser cabeza de lomo, es la mejor para tacos al pastor. La primera vez pedí los bistecs y fue una lata cortarlos, porque además en aquella ocasión preparé dos kilos, así que desde entonces le pido al carnicero que pique la carne y ahí los trocitos se piden al gusto. El tamaño que me gusta es un término medio, ni tan grandes ni tan chiquitos.
El bistec de cabeza de lomo tiene una estrellita de grasa en el centro y es justo por esa parte que se encajan en el poste del trompo, los taqueros pues.

El tiempo de marinado de preferencia es un día, la carne se impregna muy bien de todos los sabores y olores, pero si hay prisa, mínimo cuatro horas.

Cuando se empieza a freír la carne el fuego de la estufa debe estar a todo lo que da, conforme se vaya secando se baja a media lumbre hasta que esté lista, bien cocida.

Ahora bien,  en lugar de freírla la carne adobada se puede disponer en un refractario, cubrirla con papel aluminio y hornearla hasta que esté cocida, más o menos dos horas a 200 grados; media hora antes de sacarla se le retira el papel aluminio y se deja en el horno para que dore.

Si le gusta que los tacos sepan más a piña, se puede añadir al adobo un vaso de jugo de piña.

Quedaron de lujo. Y una de las ventajas de prepararlos en casa, además el ahorro y la seguridad de la higiene es que el tamaño de los tacos puede ser como uno quiera. Los hicimos grandes y ya quieren que los vuelva a hacer.
Hasta aquí llegamos con la receta, siempre que pueda cuénteme si los preparó, cómo le quedaron, qué le dijeron, todos los detalles... ¡Buen provecho y hasta la próxima con los taquitos gobernador!

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Pozole rojo a los tres chiles

Nunca en la vida había hecho pozole y, contrario a lo que pudiera creerse, no fue un platillo frecuente en la casa de mis papás. Yeyé más bien preparaba cazuela, caldo de queso, cocido o menudo sonorense, pero pozole, la verdad, no encuentro referencia en mi memoria, tal vez mis hermanos me puedan echar una mano.
El caso es que tengo una amiga que vive en Italia, Dary, la que me compartió la receta de las calabacitas, y en esta interacción a través de Whatsapp, se sorprendió muchísimo al saber que nunca había preparado pozole, un platillo mexicano por excelencia.
Bueno, pues me hice el propósito de cocinarlo y pronto, pensando en la cercanía de las fiestas patrias y además porque compré un “cuartillo” de maíz rojo, precioso, de Milpa Alta (Distrito Federal), cuando hice el viaje que me llevó, primero, al paraíso de las especias en la Ciudad de México y sus alrededores, a San Pedro Atocpan; y luego a la cabecera de la delegación en donde conocí a don Melquíades, un viejito de esos que enamora, quien  me vendió el cuartillo (más o menos 650 gramos) de maíz rojo “a 15 pesos niña”.
Mony me enseñó a poner el nixtamal, una técnica que yo me había imaginado como parte de la física cuántica o algo así ¡dificilísima! Pero no, resulta que no tiene chiste, laborioso el proceso, sí, pero vale la pena y ya hasta quiero, en cuanto pueda, comprarme un molinito para luego hacer masa y con la masa tamales, tortillas, gorditas y todas las maravillas que inventaron nuestros antepasados prehispánicos con ese regalo generoso, nutritivo y versátil de la naturaleza que es el maíz. Sí debo decir, hasta donde entiendo, que si cunde el maíz transgénico, no volveremos a ver este maíz criollo precioso.
Vamos entonces a los ingredientes y si tienen oportunidad de hacerlo así, con todas las de la ley, les aseguro que vale la pena. El resultado fue extraordinario, les comparto (cubriendo la parte esa del ego que tiene que ver con la cocinada) algunas de las expresiones de los comensales: “Laurita, el mejor pozole que he comido”, “te escupiste las manos”, "está buenísimo"…
Agradezco infinito a don Melquíades, a Mony que me enseñó la ciencia y la técnica del nixtamal y me dio consejos buenísimos que agregaré en las notas, a la herencia de mi mamá (me regaló el sazón), a la receta de la Peaches que en parte seguí y a los comensales.

Pozole rojo a los tres chiles. Aquí se aprecia cómo quedó el maíz criollo.

Ingredientes 
(20 personas)

Para el nixtamal
1 kilo de maíz cacahuazintle o pozolero (nota)
1½ cucharadas de guisar de cal
Agua

Para el pozole
½ cabeza de puerco cortada en dos
2 patas de puerco cortadas en cuatro
1½  kilos de espaldilla en trozo
1 kilo de pierna en trozo
½ kilo de espinazo en rebanadas
1 cebolla grande entera
1 cabeza de ajos grande y entera
Sal de mar
6 chiles guajillo
2 chiles anchos
4 chiles morita
1 diente de ajo

Para acompañar
1 lechuga romanita
Rábanos
Cebolla picada
Salsa de chile de árbol
Limones
Tostadas
Orégano seco

Para la salsa de chile de árbol
200 gramos de chiles de árbol
1 diente de ajo
1 chorrito de vinagre
½ taza de agua

Preparación

Primero se hace el nixtamal. La noche anterior el maíz se pone a remojar en abundante agua para que quede cubierto, esto reducirá el tiempo de cocción. Al día siguiente hay que poner a hervir agua de la llave en una olla con capacidad para unos 15 o 20 litros. En cuanto suelte el hervor se añade el maíz previamente enjuagado y la cal. Se deja hervir entre 45 minutos y una hora, debe hervir a borbotones y se alcanza a apreciar cómo se va desprendiendo el hollejo. Hay que sacar granitos y verificar si ya es fácil limpiarlo.

El maíz remojándose, luego en la olla con agua hirviendo; el momento de agregar la cal y cómo se ve  al iniciar.
Cuando esté listo se cuela y se enjuaga tantas veces como sea necesario mientras se talla con la mano para ir retirando el hollejo. Así queda el maíz precocido, o se usa para pozole o para masa.
Después de un buen rato hirviendo. Cambia el color del agua, se pone como el color del hollejo precisamente que Mony nos muestra. Eso es lo que hay que retirar con las sucesivas lavadas. Debo confesar que ya no le llegamos a la descabezada pero eso no le restó calidad, ni buen sabor, ni nada, quedó muy pero muy bueno.En la última imagen, el maíz precocido.
La carne, muy limpia, se dispone en una bandeja grande y se cubre de agua para que suelte toda la sangrita, si no se hace así, a la hora de cocerla saldrá mucha espuma que será preciso retirar porque son impurezas. Así que lo mejor es ponerla en agua una media hora.
En la olla pozolera se vierten alrededor de 14 litros de agua pura o de garrafón y se agregan el maíz y la carne (ver Notas), la cebolla y la cabeza de ajos.

La carne se pone en agua para que suelte la sangrita e impurezas, eso va a evitar que suelte tanta espuma a la hora del cocimiento. Luego, ya tenían un rato la carne y el maíz cociéndose, con la cebolla y el ajo, fue el momento de añadir la sal. El tamaño de la olla y la maciza ya cocida.
Cuando tenga una media hora hirviendo, se añade la sal (ver Notas) y se mantiene en la lumbre entre tres y cuatro horas; casi al final se agrega el chile colorado, colado (indicaciones más abajo). Es preciso verificar la cocción de la carne y del maíz. Si la carne está primero, se retira y el maíz se deja hasta que esté (ver Notas).

Mientras se cuece el pozole se prepara la salsa de chile de árbol. A los chiles se les retiran los tallos y se ponen a cocer en poca agua, luego se licuan con el diente de ajo, se cuela, se añade el chorrito de vinagre y es todo. Esta salsa es delicada, no se debe contaminar con comida o servirla con cucharas sucias, para que no se acede o eche a perder.
Salsa pozolera o de chile de árbol. Puede servir también para ahogadas.

Salsa de chile de árbol. OJO, no lleva sal, no es que se me haya olvidado.
Los guajillos, los anchos y los moritas se limpian de tallos y semillas y se ponen a remojar en poca agua hirviendo. Cuando estén listos (después de 10 minutos más o menos) se licuan con poca agua, un diente de ajo y se cuelan sobre el pozole. Se deja que suelte otro hervor y está listo.

Mientras se cuece el pozole hay tiempo para picar y disponer todo el acompañamiento: la lechuga romanita se pica finito y se desinfecta. Los rábanos también se desinfectan y se rebanan, se pica la cebolla finito y todo se dispone en platitos lo mismo que el orégano y los limones, las tostadas y sal, por si acaso.

El pozole rojo con sus acompañantes.
Notas
1.- El maíz rojo que me vendió don Melquíades no es precisamente pozolero, no reventó como estamos acostumbrados, pero rindió muchísimo y le imprimió otro sabor, especial, delicado, muy buen maíz, con ganas de volver a comprar más allá a Milpa Alta. Claro que lo volvería a hacer con ese maíz.

2.- Del maíz criollo tenía 650 gramos más o menos y no sabía cuánto me iba a rendir así que compre un kilo de maíz blanco precocido, este sí, pozolero. Rindió perfecto.

3.- Si no quieren o no tienen manera de poner el nixtamal, creo que es suficiente con comprar dos kilos de maíz precocido para estas cantidades.

4.- Desde que terminó el proceso del nixtamal Mony me dijo que estaba muy blandito así que me aconsejó que pusiera al mismo tiempo el maíz y la carne; si el maíz hubiera quedado un poco durito, habría sido necesario poner primero el maíz y después de media hora o una hora, agregar la carne. En este caso no fue necesario. Con maíz precocido comercial no hay problema, al mismo tiempo y ya.

5.- La sal se la puse al tanteo y estuve probando. Muy difícil dar una medida, pero digamos que la primera vez se le puede añadir una cuchara de guisar y después hay que estar verificando la sazón.

6.- La carne. Me resistía pero el pozole debe llevar cabeza de puerco. Hoy en día las venden muy limpias, casi sin grasa y la verdad es que sin cabeza quién sabe a qué hubiera sabido, además trae mucha carne más la lengua y orejas que son del gusto de muchos comensales. La pedí partida en dos y mi hijo me ayudó a quitarle el ojo que me impresionó un poco

7.- Las patas se piden cortadas en cuatro para que se cuezan más rápido y sean fáciles de comer o de quitarles la carnita.


8.- En mi caso, sí estuvo primero la carne y luego el maíz, digamos, con una media hora de diferencia, tampoco fue tanto y es que el maíz me tenía nerviosa porque no reventaba, pero lo probé y estaba suave y muy sabroso.

9.- ¿Cuál fue mi aportación? La combinación de tres chiles para el chilito colorado, por lo general se hace sólo con guajillo.

10.- Agradecimiento total a Mony que me enseñó a poner el nixtamal y que me compartió su receta de la salsita de chile de árbol, simplemente deliciosa, buena para las ahogadas también o para cena de comal. También me aconsejó que las patas me las dieran cortadas en cuatro y me mandó un mensaje para que no se me olvidara poner a remojar el maíz.

Hasta aquí la entrada de hoy, espero que les guste y les reitero la invitación para que compartan cómo les va si es que deciden prepararlo. ¡Hasta la próxima y buen provecho!

¿Qué tal un pozolito? ¡Buen provecho!